Marga.- Es el otoño. Olor a tierra mojada.
Pablo.- No basta. El olor a la tierra y el de tu piel también están aquí.Ya lo estaban la primera vez. Pero hoy es algo más profundo... Algo misterioso, que se ha metido aquí dentro como el día de la corza y el día del relámpago. (Voz íntima, acercándose.) ¿No lo sientesen el aire?
Marga.- (Fascinada también.) Ahora, sí. Y también a mi me da miedo, porque tampoco yo lo había conocido nunca.
Pablo.- Es como si sintiera ir cayendo en una trampa donde voy a perderme. Y, sin embargo, ¡quiero caer! ¿Por qué esta noche es todo tan distinto? ¿Por qué el primer día el más fuerte era yo, y ahora toda la fuerza la tienes tú?
Marga.- ¡Sálvate de mi Pablo! ¡Todavía estás a tiempo!
Pablo.- Es inútil; ya no puedo volverme atrás, y aunque pudiera no lo haría. Tú que lo sabes todo, ¿qué es esto que estoy sintiendo al mismo tiempo en el alma y en la raíz de la sangre?
Marga.- No sé... Ojalá sea lo mismo que estoy sintiendo yo.
Pablo.- ¿También a ti te tiemblan dentro las palabras antes de decirlas?
Marga.- También.
Pablo.- Pero entonces no hay solamente dos cosas grandes. Además de Dios y la Muerte, ¡hay una tercera cosa que hace temblar la garganta del hombre!
Marga.- ¡Sí, Pablo; hay un tercer misterio, que es un poco como sentir a Dios y un poco como sentirse morir!
Pablo.- Dime esa tercera palabra. ¡Quiero oírtela a ti!
Marga.- No hace falta, querido. Esa tercera palabra, cuando es verdad, es mejor decirla en silencio... ¡Así...! (Lo atrae dulcemente, y luego con pasión entregada. Mientras se besan cae lento el Telón.)
No hay comentarios:
Publicar un comentario