En la primera parte, era ella la que se sentía insegura, tímida, y decepcionada; él por lo contrario, orgulloso y egoísta con su objetivo cumplido.
Esta vez la obra cambió, los papeles se cambian y es la chica quien se siente orgullosa por haber podido superar con éxito ese misterio tan fuerte, ya para ella, es una diversión más.
El hombre, ahora, es el que se siente tímido bajando la mirada, y torpe, ignorándola, esperando que se le pase la resaca.
¡Vamos piba, estoy orgullosa de tu madurez!
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