Y ahí me veía, como otros. Como si no fuese yo.
En esa situación espantosa, en donde la persona que supuestamente tiene una función, hace todo lo contrario. Me humilla ante sus pares. (el resto tampoco hacía mucho para 'defenderme').
Me veía, como si estuviese en un teatro y yo fuese la función. Los ojos del resto fijo en lo que pasaba y dejaba de pasar. Mientras esa persona me rogaba. ¡Por favor! No tengo ganas de pasar situaciones así. No quiero pasar más situaciones así.
Por otro lado, después de esa escena, no podía evitar pensar que soy una persona que la humillación se presenta constantemente en su vida. Ya sea de las personas que menos me importan, hasta las personas que son infaltables en mis días. No puedo sacarme esa asquerosa sensación de sentirme patética. De sentirme una pelotuda que tiene como función divertir al resto con mis defectos. Yo esto no lo resisto más.
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