Ese extraño e irritante sensación de que no estás sola en la habitación.
Pero a primera vista lo estás.
¿Entonces por qué esa sensación no se va?
Prendo la luz, con un poquito de miedo, reviso las puntas. Todo está vacío.
Pero la sigo teniendo. Me acuesto, me tapo con la sábana y espero que eso pase.
Pasan 2 o 3 minutos. (o mucho menos, pero en esas circunstancias, el tiempo se transforma en una eternidad).
Reacciono: estoy tapada de cabeza a los pies, esperando que eso se esfume.
Me río, me destapo y logro esfumar esa sensación de una manera más madura.
Esta situación me remarcó lo niña que sigo siendo.
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